Coqueta, Animal y Muerta

Réquiem

Su falda roja es muy corta para la ocasión, ella lo sabe. Disfruta las miradas envidiosas de las mujeres mayores que asisten al funeral de su hermana. De cuando en cuando, trata sin lograrlo, de bajar la diminuta prenda halándola del ruedo. Sus piernas largas y las pecas de sus pechos casi liberados por el escote llaman la atención, la atención de él, que sin ningún pudor la examina desde los tobillos hasta el pelo. Él mueve sus manos dentro de los bolsillos y remoja sus labios con la lengua.

Ella se contonea y le regala una sonrisa. Sus aretes largos producen un campaneo que retumba en la capilla. Decide sentarse, pero no es la mejor decisión pues Animal la sigue con la mirada y arquea la espalda para no perderse el cruce de piernas. Un codazo seco y no muy fuerte, de una de las ancianas, lo regresa  a la compostura.

Las palabras del párroco traen a Coqueta recuerdos de su única hermana Ahora muerta Ni ella, ni sus padres pudieron frenar la rebeldía, su arrogancia y sobre todo su insistente e indiscriminada coquetería que hasta hoy le causa problemas. No llora a pesar del dolor. Tampoco puede evitar pensar en su viaje de mañana.  “Es mejor así” piensa para aliviarse. Amen.

Seguimiento

Casi todos, en sus autos abandonan el cementerio. A Coqueta nadie la quiere llevar. Maldice porque esto le ha pasado antes. Un bus no es buena idea con su pinta, así que caminar es la única opción, el hotel no está lejos. Transita por siete calles disfrutando el rítmico toc, toc de sus tacones. Es seguida de cerca por Animal que se deshizo hábilmente de la familia y ahora se concentra en las formas que lo trastornaron en las exequias.

Camina imaginando lo que quiere hacer con Coqueta en la cama del hotel. Espera poner sus manos en el trasero ceñido por la mini falda. Sueña con sentir la textura del nylon de sus medias. Quiere saciar su lujuria disfrutando de las redondeces de Coqueta. Siempre la ha deseado. Es imposible para él no querer desvestirla. Lo que más excita a Animal es que ella no parece indiferente.

Coqueta va lento sin saber que es observada. Recuerda que Muerta siempre quiso cuidarla y tenerla vigilada, pero nunca lo logró. Dos matrimonios, tres hijos y varios tropiezos la tuvieron ocupada. El primer esposo de Muerta era distante y callado, un desconocido. El segundo, el  viudo, se dio a conocer en una boda. No cayó bien. No cae bien aún.

Lluvia

El cielo inicia su descarga furiosa. Coqueta busca la llave de la habitación entre el desorden de su bolso gigante. Se detiene para concentrar la búsqueda. La mano de Animal se desliza por el brazo mojado de Coqueta, ella tarda unos segundos en mirarlo. Muestra su falsa sonrisa. Animal se fija en la piel que deja ver la blusa mientras las palabras se le atoran entre el cerebro y la boca. Animal no sabe por dónde empezar su monologo declaratorio. Coqueta cruza los brazos frente a su pecho en actitud de espera y con un movimiento vertical de cabeza lo reta a hablar. Animal mueve las manos desordenadamente queriendo explicar lo que aún no pronuncia.

“Es que… usted, está muy bonita hoy…y yo… yo, quiero saber si qui… quiere…” Dice él.

Es interrumpido por un trueno que anuncia el impostergable aguacero, doblemente interrumpido por el grito de Coqueta “¡Muérase! ¡Animal! ¡Usted no merecía a mi hermana!” Goterones implacables cambian el color de la calle de grisáceo a negro. Animal iniciado y confundido queda congelado en la acera.

Coqueta, mojada, y satisfecha entra al hotel sin encontrar la llave. Sabe que Muerta se lo agradece, donde quiera que esté. Piensa que hoy es un buen día para empezar a cambiar su fama. Es la primera vez que no se deja vencer por el deseo, se siente mejor persona, parecida a su hermana, la que su familia quiere. Necesita dormir mucho antes de su viaje.

Animal, empapado, se pregunta: “¿Qué tiene de malo?” No puede sacarse de la cabeza los pezones fríos y rígidos bajo la tela mojada. Duda si entrar ahora o esperar un rato. Igual sabe que ella abrirá la puerta.

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