O Rei

Roberto y Vicente nunca se habían montado en un avión. Tampoco conocían el mar, pero estaban muy orgullosos de conocer casi todos los teatros de Cali y de haber entrado al Pascual Guerrero. A pesar de que en su barrio se emborrachaba el Indio Montaño y vivía toda la familia de Miguelito Escobar, eran muy pocos los vecinos del Cristóbal Colón que tenían formas de pagar la entrada al estadio. Había otras urgencias como comprar las acemas y la leche o hacerle un baño decente a la casa. Pero Roberto Y Vicente trabajaban duro de domingo a domingo en la Galería Santa Elena. ¡Recojo, saco, llevo! Gritaban para ayudarle a las señoras a cargar su mercado y después llevárselo al carro o a la casa. De centavo en centavo juntaban algunos pesos para ayudar a sus familias y para ir a fútbol. Iban a todos los clásicos y también cuando venían los equipos de la capital. El miércoles sería un día histórico. El Santos de Brasil con el Rey Pelé estaba de gira por el país y en la noche enfrentaría al Deportivo Cali. Era una cita infaltable para los dos jovencitos.

Vicente llegó a la casa de Roberto antes de las seis. Se recostó en la palmera gigante que crece en el andén. Misia María, la mamá de Roberto, no lo dejaba entrar nunca a la casa. ¡Vos sos el que lo mantiene sonsacando pa la calle! le gritaba cada vez que lo veía. Roberto tardó en salir porque antes debía ayudar a doblar una ropa de unos ricos de Santa Rita que su mamá traía para lavar y arreglar cada semana. Vicente lo recriminó por la demora. ¡Ojalá no nos cierren la taquilla! le decía mientras corrían hacía el Pascual. Por más que explicaron, rogaron y pidieron al Tuerto de la caseta no les pudo vender las boletas porque ya habían entrado sesenta mil y pico de personas que sí habían llegado temprano. La piedra de Vicente era más grande que el estadio, le dijo de todo a Roberto porque se quedaron sin partido y con una plata para gastar. Para alivianar la cosa Roberto propuso ir a cine al día siguiente. Ya estaban pasando Aeropuerto, la película nominada al Óscar. Burt Lancaster y Jaqueline Bisset a bordo de un Boeing 707 con una bomba a punto de explotar, siempre será un buen plan para reemplazar el partido.

El jueves Vicente estuvo otra media hora recostado en la palmera esperando a Roberto. ¡Vos no tenés arreglo! le dijo, pero Roberto lo distrajo inmediatamente con la conversación sobre el partido. Mesa y Olmedo anotaron para el Cali en el primer tiempo. Al Santos se le veía desesperado y lento. Y ganado dos a cero se fueron al descanso. En el segundo tiempo los brasileros les quitaron el balón y empezó la magia de Pelé. A los 72 anotó de derecha, pero no les alcanzó para el empate. ¡Es que si les dan tres minutos más… nos arreglan! ¿Nos arreglan? ¡Y vos desde cuándo sos hincha del Cali? Caminaron por los teatros para ver si pasaban Aeropuerto. En el Teatro Cali no, porque adentro habían escalabrado al Negro Germán y tocaba llevar palo para espantar las ratas. Al Teatro Ángel tampoco porque los habían pillado colándose y el guarda los conocía de lejos. Al San Fernando tampoco porque se llenaba de poetas y borrachos y ese día no podían llagar tarde a la casa. El Teatro Colón era muy caro y no llevaban ropa adecuada para entrar. Solo quedaba el Teatro Aristi, que, aunque pretencioso y caro, pasaba buenas películas. Calcularon el precio de las entradas y el mecato y sí, les alcanzaba. El único problema es que el Aristi tenía fama de no dejar entrar pobres ni negros. Roberto era un flaco mestizo y tiznado de pelo engominado para atrás. Vicente era un peloquieto de nariz ancha. Ni la ropa ni el barro de los zapatos, traído del Cristóbal Colón, les ayudaba a camuflar la pobreza.

Con disimulo compraron las entradas y decidieron esperar el momento de la montonera para revolverse entre la gente de bien y entrar a ver la película. Cuando se hizo suficiente fila para entrar una señora flaca y narizona con cara de profesora se puso atenta para reservarse el derecho de admisión, como rezaba el aviso de letras doradas que había encima de la puerta. En ese momento llegó un grupo numeroso de personas. Entre ellos había varios negros bien vestidos que hablaban de forma extraña. La señora flaca se atravesó en la puerta y con aires de Ku Klux Klan señaló a quienes podían entrar y a quienes no según el nivel de melanina de su piel. ¡Mirá! Le dijo Roberto a Vicente. ¡Mirá quien está ahí! La gente seguía llegando a ver la película, pero el tumulto en la puerta impedía la entrada. Fue ahí cuando Roberto se acercó y se dirigió a la señora: “¡Mi señora por Dios, bendito! ¿Usted no sabe quien es este señor? Él es el mismísimo Edson Arantes Do Nascimento, tres veces campeón del mundo con Brasil, el mejor jugador de futbol del planeta, campeón de la Copa Libertadores con el Santos, que hoy visita nuestra ciudad para comprobar lo amables y buenos ciudadanos que somos los caleños”. Inmediatamente reconocieron al astro del fútbol que sonreía sin entender nada. Resonó un aplauso en la entrada del Teatro Aristi. Algunos vivas para Pelé y felicitaciones para el joven orador. Ante tan buenos argumentos y la presión de la gente ávida de cine la señora tuvo que ceder y dejó entrar a los futbolistas y al cuerpo técnico. Cuando Roberto y Vicente pasaron frente a la señora los detuvo de un grito ¡A ver sus boletas! Nerviosos pusieron sus boletas en alto para que la odiosa señora revisara. ¿Y ustedes quiénes son? Preguntó mirándoles el cuello raído de las camisas. ¡Somos los traductores, mi señora! No ve que ellos no hablan español ni inglés.

Sentados en cómodas sillas de terciopelo vinotinto veían la primera escena de un aeropuerto lleno de gente elegante.  Vicente le susurró a Roberto “el en barrio no nos van a creer que estuvimos en cine con Pelé”. A lo que Roberto le respondió “cállate, pendejo, que nos sacan por hablar duro. Acordáte lo que nos pasó en el Belalcázar”. 

1 comentario de “O Rei”

  1. Que bueno que esos jóvenes avispas lo lograron con astucia…..que buena historia….en lo personal tuve la suerte de asistir con mi esposa e hijos a obras de teatro en mi país y es fantástico…..gracias por tan buenas historias…..

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