Por un petaco

cinco a cer

Pocos recuerdan cómo se llamaba, todos le decían por su apodo, Garrincha. Una leve cojera le hizo compartir el mote con el gran futbolista brasilero que pasó fugazmente por Colombia en los años 50. Garrincha casi que bailaba al caminar; el famoso, y el de mi barrio también. Era uno de esos muchachos que va saludando a todo el mundo por la calle y del que las señoras comentan lo querido y educado que es. Era reconocido por jugar microfútbol todas las noches en La Plaza. En estos cotejos se apostaba la gaseosa y si estaba cerca la quincena se le podía sumar un Chocorramo o una empanda a la apuesta. El 5 de septiembre de 1993 es una fecha recordada por los cinco goles que la selección Colombia le propinó a la de Argentina en el Estadio Monumental de Buenos Aires, pero en el barrio esa fecha es más recordada por la muerte de Garrincha. Recién terminado el partido, él celebraba la goleada junto a su familia. La cerveza se acabó en su casa y decidieron comprar más ¿Un petaco de una vez! gritó algún tío generoso. Garrincha se ofreció a hacer el mandado con la intención soterrada de quedarse con las vueltas. Así que agarró la canasta de botellas desocupadas que había comprado hace tiempo para no dejar “finca” en la tienda de Doña Martha. Como era de esperarse, la tienda estaba llena. Tuvo que esperar un rato largo para poder entrar por el estrecho camino que delineaban las mesas ocupadas por vecinos y foráneos que comentaban el partido. El Himno Nacional ya había sonado tres veces para exacerbar el nacionalismo.  Garrincha recibió las vueltas y salió apurado con el pesado petaco de cerveza entre sus manos. Un mal calculo del destino le hizo tropezar con la cabeza de un viejo ensombrerado y desconocido que se encontraba en una mesa. Fue un golpe leve, sin consecuencias, pero el cerebro alcoholizado del viejo no lo tomó así. No aceptó ningún tipo de disculpa. Estaba muy borracho para comprender que el muchacho de extraño caminar no lo quería golpear. Garrincha se disculpó, pero rápidamente terminó devolviendo los madrazos. Así selló su triste final. Cuando sonó el tercer disparo ya no había nadie en la tienda. Nadie identificó al viejo de sombrero, dicen que era de otro barrio. Doña Martha llamó a la policía. La noticia se regó con velocidad por todo Ciudad Jardín. Por eso, un rato después se detuvo nuestra marcha de banderas y cornetas frente a la tienda para ver a Garrincha tendido en el piso, junto a 30 botellas rotas. Ya estaba muerto. Su sangre roja se mezclaba con la harina blanca que minutos antes tirábamos para celebrar felizmente. Nadie quiso marchar más ni hablar del partido. Garrincha es el recuerdo de que lo colombianos no sabemos celebrar, porque no fue el único muerto ese día en el país. Por eso para nosotros, los ñeros del barrio, el “Cinco a cero” no es un recuerdo del todo feliz.

 

3 comentarios de “Por un petaco”

  1. Hola JJ cómo estás,me llega el día de hoy 13 de junio de 2020,un escrito tuyo,relacionado con mi hermano,»Garrincha».he quedado sorprendida ya que si te lo contaron te lo contaron mal,o tú lo contaste lo contaste o lo escribiste mal. Quedo atenta.

  2. Esta bien q cuente esas historias pero debe de documentarse mejor .eso no es sino q diga gastas unPola .y le contamos .loq quiera de cjardin.como historias .el hombre q comía .ranas.

    1. Hola, muchas gracias por su comentario. Mis relatos está inspirados en hechos reales del barrio, pero tiene un gran ingrediente de ficción. Por eso son cuentos. Y claro que acepto la propuesta de la pola. Esa del hombre que comía ranas no la tengo en el radar, pero suena interesante. El barrio siempre tendrá muchas historias y personas particulares. Un saludo y cordial.

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